jueves, 1 de diciembre de 2011

Primera memoria... de la primera vez que uno se perdió.

Peter Pan, capitán de niños perdidos

Tenía unos cuatro años. Acababa de entrar al colegio. Un día estaba jugando en el recreo y sin darme cuenta se me pasó el tiempo. Me despisté y tocó la sirena. Cuando miré a mi alrededor no había ningún niño. Me asusté y me quedé allí quieto y solo. Después vino una profesora a recogerme y me llevó a la clase.
No me acuerdo de muchos detalles pero me acuerdo de cómo me sentía. Estaba asustado y no sabía qué hacer.
(De uno que nació en 1998)


martes, 22 de noviembre de 2011

Primera memoria... de pesadilla.

Estaba en la guardería y tenía ganas de ir al baño. Entonces le pedí permiso a la mujer de la guardería y me dijo que no. Yo me puse a llorar y la mujer de la guardería me encerró en una especie de "corral", por protestar. Yo, todavía con ganas de ir al baño, estuve prisionero tras una verja de colorines hasta que acabó el día.
Cuando mi madre me vino a recoger y me vio encerrado,  me sacó de allí y me cambió de guardería.
Esta mala memoria la recuerdo como una pesadilla que nunca voy a olvidar.

 Soy Ignacio González, estudio 2ºE.S.O.


lunes, 21 de noviembre de 2011

Memoria de una "sirenita".

Estaba jugando con un amigo mío al pilla pilla y llevaba un collar en la boca. El collar era uno de esos de bolitas que llevan las señoras mayores. Estábamos corriendo alrededor de la mesa del salón y de repente pisé una de las bolitas del collar, porque se había roto, resbalé y me caí al suelo rompiéndome las paletas. Lo único que recuerdo después es que estaba en la ambulancia con mi madre y que al llegar a mi casa, con la boca cosida, le dije a mi padre que en la ambulancia me habían puesto la sirenita, refiriéndome a la sirena de la ambulancia... Desde entonces, cada vez que veo una ambulancia, me acuerdo de aquella caída.
Soy Adrián Marcialetti. Estudio 2ºESO en el IES "Guadalpín (Marbella).


jueves, 17 de noviembre de 2011

Una memoria en el fondo de la fobia.

Mi primera memoria transcurre más o menos con tres años, en casa de mis tíos.
Yo jugaba con mi primo en el salón, con los playmobil, en una de esas alfombras en las que juegan los niños pequeños. Tenía dibujada una ciudad, para jugar con los coches de juguete. Mientras jugábamos, mis tíos estaban viendo la televisión y, de repente, pusieron una película. Yo miré justo en ese momento y me acuerdo que trataba sobre unas arañas gigantes que habían encerrado a un grupo de personas en un centro comercial y aparecían y se abalanzan sobre las personas, devorándolas... Durante muchas noches, tuve muchas pesadillas recordando ese momento que a lo mejor solo duró menos de un minuto. Pero ese momento cambió mi vida para siempre, porque desgraciadamente tengo aracnofobia.

Soy Ignacio Vellido. Estudio 2ºESO en el IES "Guadalpín" (Marbella)


domingo, 13 de noviembre de 2011

Memorias tiernas de un poeta entre la luz y las tinieblas.

La poesía de Góngora (1561-1627) no es solo  la difícil de sus grandes poemas culteranos, tan impenetrables y oscuros ("Fábula de polifemo y Galatea", "Soledades",... )  y sus sonetos; o la tan popular de las letrillas, jocosas, satíricas, tan cercana a veces a la procacidad e ingeniosidad de Quevedo, y sus romances. Ya nos lo dejó magistralmente dicho Dámaso Alonso (1898-1990) al explicarnos aquello del "desgarrón afectivo" de la poesía gongorina. Pero por encima de esos dos ángeles, el de la luz y el de las tinieblas, o más bien por debajo, por su fondo,  hay un Góngora que, de vez en cuando, no muchas, asoma entre sus versos de pureza y barro para mostrarnos su  lado humano, para decirnos que no es más que un hombre como otro cualquiera. 
Es lo que sucede en la siguiente endecha o romancillo en la que el adusto poeta cordobés hace memoria de su más tierna infancia. Lo que podíamos llamar sus "primeras memorias"

Hermana Marica,
Mañana, que es fiesta,
No irás tú a la amiga
Ni yo iré a la escuela.

Pondraste el corpiño
Y la saya buena,
Cabezón labrado,
Toca y albanega;

Y a mí me podrán
Mi camisa nueva,
Sayo de palmilla,
Media de estameña;

Y si hace bueno
Trairé la montera
Que me dio la Pascua
Mi señora abuela,

Y el estadal rojo
Con lo que le cuelga,
Que trajo el vecino
Cuando fue a la feria.

Iremos a misa,
Veremos la iglesia,
Darános un cuarto
Mi tía la ollera.

Compraremos dél
(Que nadie lo sepa)
Chochos y garbanzos
Para la merienda;

Y en la tardecica,
En nuestra plazuela,
Jugaré yo al toro
Y tú a las muñecas

Con las dos hermanas,
Juana y Madalena,
Y las dos primillas,
Marica y la tuerta;

Y si quiere madre
Dar las castañetas,
Podrás tanto dello
Bailar en la puerta;

Y al son del adufe
Cantará Andrehuela:
No me aprovecharon,
madre, las hierbas.

Y yo de papel
Haré una librea
Teñida con moras
Porque bien parezca,

Y una caperuza
Con muchas almenas;
Pondré por penacho
Las dos plumas negras

Del rabo del gallo,
Que acullá en la huerta
Anaranjeamos
Las Carnestolendas;

Y en la caña larga
Pondré una bandera
Con dos borlas blancas
En sus tranzaderas;

Y en mi caballito
Pondré una cabeza
De guadamecí,
Dos hilos por riendas;

Y entraré en la calle
Haciendo corvetas,
Yo y otros del barrio,
Que son más de treinta;

Jugaremos cañas
Junto a la plazuela,
Porque Barbolilla
Salga acá y nos vea;

Bárbola, la hija
De la panadera,
La que suele darme
Tortas con manteca,

Porque algunas veces
Hacemos yo y ella
Las bellaquerías
Detrás de la puerta.


jueves, 10 de noviembre de 2011

Una memoria de narices y sangre.

Mi primera memoria tiene mucho que ver con mi hermano, diecisiete  meses menor que yo.
Cuando él tenía dos años, yo tenía tres. Estábamos en el baño y mi hermano cogió un bastoncillo de algodón, de esos que se usa para limpiarse el oído, y no sé cómo, nadie se dio cuenta de que se lo metió en la nariz con tan mala suerte de que se le quedo la punta del algodón dentro.
Al cabo de una semana, le notaron que no paraba de tocarse la nariz, y se dieron cuenta de que tenía el algodón dentro. Preocupados por no poder sacarlo, lo llevaron al médico, y yo me fui con ellos.
Ya en la consulta, cogieron unas pinzas, que a mí me parecieron enormes y me asusté mucho. Cuando le iban a sacar el algodón, a me dio mucho asco y me acuerdo de que miré para otro lado y vi un expositorio de papillas Nutribén. Me quedé mirándolo mucho tiempo y escuchaba llorar a mi hermano. Me acuerdo perfectamente de que quise mirar y ya se lo habían sacado, pero le salía mucha sangre y entonces salí corriendo. Me senté en un banco de fuera y esperé allí a mis padres. Cuando salieron, mi hermano estaba muy feliz porque le habían regalado una piruleta de fresa, pero a mí se me quedó la asquerosa imagen en la cabeza.
Soy Ana Linares Fernández. Estudio 2º de ESO en el IES "Guadalpín" (Marbella)


lunes, 7 de noviembre de 2011

Memoria de una camiseta especial.

Una de mis primeras memorias transcurre cuando solo tenía unos tres años, en casa de mis abuelos. Me acuerdo de que era una casa muy grande, y que yo estaba subiendo las escaleras blancas de mármol con la barandilla marrón hacia el cuarto de mi abuela y, al llegar, me da un regalo. Cuando lo abro, me quedo asombrado: era la camiseta de Figo, del Real Madrid.

Soy Ignacio Vellido Expósito. Estudio 2º de ESO en el IES "Guadalpín" (Marbella)


jueves, 3 de noviembre de 2011

Memoria de un tornado.

No sé si es mi primera memora, pero sí una de las primeras.
Tenía alrededor de unos tres años y medio y todavía vivía en Bulgaria. Solíamos ir en verano de camping, con caravanas y amigos. Era el último día antes de irnos a la ciudad. Mi madre estaba recogiendo las cosas y yo , con mi padre y varios amigos, fuimos a una playa. Era uno de estos últimos días del verano, tranquilo y soleado. De repente, se escucharon gritos desde la playa de al lado y vimos cómo la gente empezaba a correr. Todavía me acuerdo cómo las toallas, las sillas, y las sombrillas se levantaban y se caían al mar. Era un tornado, pequeño... pero tornado. Mi padre me cogió en brazos y, junto con todos los demás, nos fuimos corriendo hacia la caravana, con mi madre.

Soy Iva Vaskova. Estudio 2º de ESO en el IES "Guadalpín" (Marbella)


domingo, 30 de octubre de 2011

La primera memoria... de los celos.

En mi primera memoria tenía dos años y medio. La tengo en mi cabeza como si fuera un flash. Estaba sentado en mi trona, en la mesa del salón que había en nuestro anterior piso de alquiler. Estaba comiendo con mi abuela, que estaba sentada al lado mía, cuando de pronto mis padres abrieron la puerta, y llegaron con mi hermana recién nacida. Mi madre tenía cogida a mi hermana en brazos. Yo me quedé pensativo mirando a mi hermana.
Mi madre me cuenta que después me bajé de la trona y me senté al lado de mi madre, que tenía cogida a mi hermana en brazos, y dijé:
- "Silvia con papá, yo con mamá".
Pero yo de esa parte no me acuerdo.
Soy Sergio Carrasco. Estudio 2ºESO en el IES "Guadalpín", Marbella.


viernes, 28 de octubre de 2011

Mi primera memoria... de guardería.

Me acuerdo de mi primer día de guardería en La Latina. Tenía 3 años. Llevaba un pantalón de chandal gris y una camiseta de mangas largas azul oscura, con una pizarra dibujada en ella. Cuando entraba por la puerta no paraba de llorar, y me acuerdo que la profesora tuvo que salir de la guardería para cogerme y llevarme dentro. Ese mismo día, en el recreo, me subí en los columpios y me caí, y me hice un agujero en el pantalón. Luego, cuando acabaron las clases y vinieron mis padres a recogerme, no me quería ir.  

Soy Nerea Rebollo. Estudio 2ºESO en el IES "Guadalpín", Marbella.